Julio 28, del 2010
La actual Miss Universo, Stefanía Fernández, estuvo en Quito para presentar una línea de cosméticos de la marca Avon. La mujer más bella del mundo, según Donald Trump, se mostró sencilla y locuaz en su visita a la ciudad, el fin de semana pasado.
La delgada Miss se mostró con un bonito vestido negro que dibujaba sus delgados hombros y esbozaba apenas sus largas piernas. Toda su postura era una manera de decir que las mises no son solo caras bonitas sino que también son capaces de mostrar sensibilidad e inteligencia.
Para ella, cada persona es más auténtica mientras más se parece a sus sueños, como se dice en una película de Almodóvar. Y por eso no se hace problema con las cirugías estéticas. A punto de terminar su reinado, Stefanía dice que lo más gratificante de este período como soberana de la belleza universal fue conocer personas y experimentar en diversas culturas.
Una de las experiencias más intensas que le tocó vivir fue la convivencia con personas infectadas con el virus del sida. En efecto la Miss no es solo sonrisas para calendario. Ella sabe el drama profundo que significa que la vida tenga plazo fijo. Sus ojos, de profundo color castaño, tiemblan cuando habla de los infectados por ese virus. Sus manos son largas y sonrosadas. Cuando habla, las mantiene firmes sobre su regazo, como si las obligara a una solemnidad en la que, pese a estar casi un año en el reinado, aún no ha podido acostumbrarse.
Pese a sus maneras de mujer de mundo, Stefanía sigue siendo la niña de papá que jugaba en las calles de Mérida, Venezuela, en las que aprendió a vivir. El idioma inglés siempre fue una de sus eternas asignaturas pendientes en la secundaria. El reinado de belleza significó un reto mayúsculo, porque le obligó a comunicarse con todos sus ‘vasallos’ en el idioma del imperio. Así que le tocó, aunque sea a la fuerza, aprenderse algunas frases en inglés.
El reinado le deparó deberes extraños, como visitar la India. Ese universo paralelo al mundo Occidental (aunque América Latina siga siendo, en mucho, solo una colonia del Occidente) le dejó una profunda impresión. “Las mujeres no son respetadas en ese país. La gente se sorprendió mucho al verme como representante de la belleza femenina”. La belleza no es garantía de nada, cree la Miss. Para ella, el reinado universal no fue solo sonrisas sino un trabajo arduo. Si bien ese trabajo consistía en representar a una marca, nunca descuidó, dice, su intelecto.