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12 de septiembre de 2017 07:24

La Basílica, en riesgo por filtraciones

Cuando llueve, los custodios de la Basílica del Voto Nacional sacan el agua que penetra en el emblemático templo a punta de baldes.

Cuando llueve, los custodios de la Basílica del Voto Nacional sacan el agua que penetra en el emblemático templo a punta de baldes.

Betty Beltrán

Es la iglesia gótica más grande del Ecuador y está en riesgo. Al menos eso asegura Bernardino Briceño, rector de la Basílica del Voto Nacional. Con tristeza cuenta que “según las consultas que realizamos a varios arquitectos, el templo está en peligro”.

A los ojos vista parecería que la construcción del único templo ecuatoriano bendecido por un Papa -Juan Pablo II le dio su bendición el 30 de enero de 1985- está concluida, pero en las terrazas hay espacios donde faltan 26 pináculos.

Justamente eso produce unos enormes espacios donde se acumula el agua lluvia que, posteriormente, se filtra hasta el primer piso donde están las columnas y las paredes principales de este templo inaugurado el 12 de julio de 1988.

Y ¿qué porcentaje de la Basílica está por construirse? El Padre de la congregación Misioneros Oblatos dice que un 20%, sobre todo los acabados en la parte externa e interna.

¿Será acaso que las obras no se acaban para que no se cumpla aquella leyenda de que ‘el día en el que se termine de construir la Basílica se acabará el mundo’? El religioso no da crédito a esa leyenda y se limita a solicitar una ayuda; ya envió un oficio a la dirección del Instituto Metropolitano de Patrimonio (IMP).

Cuatro meses después, no hubo ninguna respuesta, sostiene. Por eso, hace una semana volvió a insistir con otro oficio porque “ya se vienen las intensas aguas y estamos llenos de goteras producto de esos trabajos inacabados en las terrazas y en las naves laterales”.

También están en riesgo la torre central del cóndor y las dos torres principales del campanario; encima, los vitrales (sobre todo los de 10 metros de alto) tienen aberturas y por ahí entra la lluvia que termina en el interior del templo.

Reconoce que los párrocos de turno de la Basílica no han hecho autogestión y se han limitado a “raspar”, a hacer un mantenimiento superficial con las donaciones de la gente de buena voluntad y de los turistas. Así que cuando llueve, con baldes en mano se apuran para sacar el agua.

Al consultar sobre este pedido urgente, el IMP indicó a este Diario que están en proceso de contratación para hacer “un trabajo de mantenimiento preventivo y correctivo”; tras ese paso se ofrece corregir “los problemas de humedad de las terrazas, mantenimiento preventivo y complementar las losas de hormigón de las torres y mantenimiento del sistema de agua lluvia”.

Y por seguridad se espera implementar y complementar gradas y escaleras de metal para mayor seguridad de los turistas que recorren las terrazas y torres.
Mientras llega esa ayuda, el padre Briceño ya alista los baldes para dar guerra al agua de la lluvia, pero insiste que la Basílica no merece el olvido, como aquel piano Collard inglés que se ha quedado mudo en uno de los corredores de la enorme estructura consagrada al Corazón de Jesús.