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12 de septiembre de 2017 08:27

El padre del Comité del Pueblo vino de Escocia

Collin Mac Innes es un sacerdote extranjero que realizó trabajo comunitario. Foto: Ana Guerrero/ÚN

Collin Mac Innes es un sacerdote extranjero que realizó trabajo comunitario. Foto: Ana Guerrero/ÚN

Redacción Últimas Noticias

La decisión fue tajante: el servicio. El padre Collin Mac Innes se dedicó a esa misión, como dirían, con plata y persona. El sacerdote nació en Escocia y, desde esas lejuras, en 1985 vino a parar a Ecuador.

Nació el 6 de julio de 1945, en South Uisi en Escocia. Luego de la formación de todo sacerdote, que incluyó su paso por universidades de Escocia, Francia y España, a los 40 años, se lanzó a la labor social fuera de su tierra.

Así llegó al país y se ganó el corazón de la gente, en especial, de los vecinos del Comité del Pueblo. Allí trabajó durante 20 años. En el 2005 se marchó, pero la huella del sacerdote está vivita entre los moradores, más aún, en los antiguos.
Con él lograron el agua potable, la iglesia, la atención médica para ancianos y otras tantas labores.

Ayer, Collin, aquel padre que nunca paraba de trabajar, regresó al barrio del norte de Quito para despedirse. Allí le prepararon un homenaje como gratitud a la labor de cerca de 20 años.

El padre, a quien le gusta el cebiche y no es muy aparente para el cuy, contó que si bien salió del barrio en ese año, nunca se ha ido de ahí. “El Comité es parte de mi alma y mi corazón”.

En los últimos años, Collin estuvo trabajando en Balerio Estacio, en Guayaquil, quizás uno de los barrios más pobres del país, contó.

Y entre tanta obra, no faltaron los líos, como una acusación que recibió por la repartición de unos recursos. Sin embargo, como recuerdan en el sector, cuando las autoridades quisieron detenerlo, el barrio se levantó.

En el sitio donde se desarrolló la escena se construyó una plaza, bautizada como Solidaridad, frente a la iglesia San José Obrero.

Collin trabajó con los más pobres, como recuerdan en el sector, para tratar de sortear las necesidades de la comunidad. En ese tiempo eran muchas.

Si hay algo que enganchó al hombre, según dijo, ha sido la amistad de la gente, su manera de colaborar y sacrificarse para el bien de todos. Para él, en el Comité se encontró con “un pueblo luchador, que no acepta injusticias y que es capaz de organizarse”.

En su vida, el religioso ha compartido siempre un lema: sonría, que la sonrisa es el espejo del alma. Y así mismo, con alegría llegó a su barrio de siempre. El Padre recorrió una de las obras de las que fue parte, el Hospital San José Obrero. Esta casa de salud está a cargo de las madres de la Providencia y la Inmaculada Concepción, quienes lo recibieron con un brindis y hasta baile.

Collin llegó para despedirse. Volverá a su tierra, porque “hay cosas de salud que no se pueden evitar”.