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26 de abril de 2017 12:46

El guitarrista que ama el bambú

La guitarra es una compañera fiel para él. Con ella compone e interpreta. Foto: Patricio Terán/ ÚN

La guitarra es una compañera fiel para él. Con ella compone e interpreta. Foto: Patricio Terán/ ÚN

Victor Vizuete


Fue como un buen hechizo de gitana. A los 8 años tomó entre sus manos una guitarra y, desde ese momento, el instrumento se fusionó a su existencia, como otra sombra.

Tampoco se pudo desligar de otros apegos como dibujar y diseñar barcos y aviones a escala.

Los frutos de esas aficiones se fueron plasmando con el tiempo y Antonio Cepeda Armijos, un quiteño nacido en 1949, en el seno de una familia amante del arte, se convirtió en... músico profesional y arquitecto.

Primero cobró vida la vertiente artística. Tenía apenas 20 años cuando, junto cuatro de sus panas, decidieron fundar un grupo al que llamaron -no faltaba más- El Clan 5.

Gracias a las buenas dotes musicales de los cinco, el grupo alcanzó gran notoriedad y se enfrentó de tú a tú con otros mandamases del ritmo de ese tiempo.
La banda le cambió diametralmente la vida. En una de sus presentaciones cruzó miradas con una espectadora, Liliana Ledesma quien, en vez de bailar, se dedicó a observarle sin disimulo. Las consecuencias del flechazo: 42 años de casados, tres hijos y, hasta ahora, siete nietos.

Luego de la disolución del grupo, Antonio siguió en la faceta de cantautor. Hace poco acaba de presentar su último CD con varios temas. Ese es uno de los lados de la moneda de Cepeda.

El otro también tiene que ver con el arte, pero orientado al diseño de casas, edificios, escuelas y, en fin, toda clase de tipologías arquitectónicas.

Graduado en la Facultad de Arquitectura de la Universidad Central, Cepeda se decantó -desde hace 15 años- por la utilización del bambú en sus proyectos constructivos, que van desde lo popular hasta inmuebles de alta gama. Entre esos dos parámetros camina, “hasta que Dios quiera”.