Futbolero
21 de marzo de 2018 12:35

El torito mejora la técnica y precisión en pases

Michael Estrada, de Independiente del Valle, en uno de los ‘rondos’. Foto: David Paredes / ÚN

Michael Estrada, de Independiente del Valle, en uno de los ‘rondos’. Foto: David Paredes / ÚN

David Paredes
(D)

El clásico ‘21 patazo’ que se juega en los patios de los colegios tiene un sentido técnico en el fútbol, una razón de ser. Es un ejercicio que se practica desde en el Barcelona de Lionel Messi hasta en los clubes de la Serie B de acá.

ÚLTIMAS consultó a entrenadores y jugadores para entender la importancia de esta actividad, que a simple vista parecería un simple jueguito.

El ejercicio es sencillo. Consiste en armar cualquier figura geométrica con jugadores y que uno de ellos se quede en el centro para interceptar los pases.
En el colegio y hasta en los grandes clubes, el que no logra quitar la pelotita después de 21 toques recibe una penitencia.

En Liga de Quito es común ver a todos los jugadores practicarlo antes de que el DT Pablo Repetto haga sonar su silbato y llame a sus muchachos al centro de la cancha.

Jefferson Intriago, uno de los titulares de la ‘U’, asegura que esta dinámica le permite conocer a sus compañeros. Es una actividad que brinda camaradería y genera confianza entre la muchachada.

En Pomasqui, todos juegan al torito. Quien no lo hace, también recibe penitencia. El famoso ‘capote masivo’ (golpe en la cabeza con la palma de las manos) está a la orden del día.

Pero esta actividad va más allá. Santiago Escobar, Gabriel Schürrer y Luis Soler, entrenadores de Católica, Independiente y Aucas respectivamente, han implementado este ejercicio como unidad de entrenamiento.

Antes de que los rayados debutaran en la Libertadores, el ‘profe’ Schürrer organizó una práctica basada en toritos. Pidió a sus muchachos que hicieran parejas y los puso a interceptar el balón. Si no lo lograban, debían correr a otro ‘rondo’ para volverlo a hacer.

Esta práctica ya se volvió común en Sangolquí. Desde los peladitos de la Sub 12 hasta los expertos del primer equipo lo practican. Roberto Olabe, director de formativas del Independiente, es de los que creen que mientras se divierten los chicos, también pueden aprender a recibir y pasar.

Escobar explica que esta práctica genera destrezas que en la cancha pueden verse reflejadas.

“El rondo es un ejercicio en el que se perfecciona la parte técnica y rapidez mental. Sirve para estar siempre perfilado y mejorar las recepciones orientadas. Los que jugadores que interceptan deben tener mucha agresividad y trabajar la recuperación de balón”, asegura el ‘Sachi’ Escobar.

En Católica, cuando se lo practica de forma recreativa, los futbolistas tienen libertad de tocar la pelota con cualquier parte del cuerpo y hacer los toques que se requiera. Pero cuando ya es parte de la práctica, Escobar pone las reglas. Por lo general se usa solo el borde interno del pie y se limita la cantidad de recepciones antes del pase final.

“Acá en Liga dejamos que se junte todo el grupo y que hagan movimientos informales en el torito. Por lo general es con dos jugadores en el medio. Cuando pasan los diez pases por lo general se paga una prenda. Siempre es una palmada en la cola”, dice riendo Repetto.

Los albos lo ponen en práctica con fines recreativos. Para Repetto es más importante esos 10 minutos en los que sus pupilos comparten y se ríen, que mejorar la recepción de balón y la marca en espacio reducido. Para ello utiliza otros métodos.

Puños en el hombro, patada en los glúteos o un bailecito al ritmo de las palmas del resto del grupo son algunas de las penitencias que se pagan en los clubes.
Según Escobar, si sus muchachos pueden hacer bien los pases en espacio reducido, en toda la cancha lo harán mejor.