En Las Aulas
5 de julio de 2017 13:19

¡La vida 'amorosa' de algunos animales!

Todos los animales tienen una historia afectiva, según la ciencia. Foto: Archivo

Todos los animales tienen una historia afectiva, según la ciencia. Foto: Archivo

Redacción En las aulas

Un libro maravilloso –“Un cocodrilo para desayunar”, de Vitus B. Dröscher– nos aproxima al conocimiento de la sorprendente conducta animal. Su título lo dice todo. Se refiere a los trabajos de su autor, Vitus B. Dröscher, famoso etólogo y zoólogo alemán.

Lindas historias

Básicamente es una historia de animales, interesantes y significativos. En ella desfilan jirafas, hipopótamos, cuervos, elefantes, ardillas, cangrejos, delfines y otros ejemplares del reino animal. De estas singulares historias he rescatado dos “extraños” episodios.

La “señora” hipopótamo –que pesa “apenas” unos doscientos kilos– ejerce un dominio sobre los machos. Desde este punto de vista es un caso ideal de emancipación femenina.

Al principio las “visitas” masculinas son totalmente platónicas, pero cuando llega la época de celo, las hipopótamos hembras son las únicas que pueden elegir “marido”.

Curiosamente, antes que se produzca la elección reina entre las marginadas figuras masculinas un auténtico terror. Todos los “galanes” se esfuerzan en conseguir el mejor sitio al alcance de la vista de las hembras. El más avispado se coloca a unos treinta metros de su rival inmediato, abre su boca gigantesca y lanza mugidos que hacen temblar el aire. Acto seguido los dos se sumergen como queriendo jugar a la “gallinita ciega”.

Si los dos machos salen a la superficie uno cerca del otro comienza el tercer acto: la guerra del olor apestoso. La batalla la gana el macho…que logra producir la mayor cantidad de excrementos en el menor tiempo. Estos son lanzados, girando como hélices, con los cortos rabos. Si nadie se da por vencido, los dos adversarios se colocan frente a frente, cabeza contra cabeza, y llevan a cabo un “duelo de eructos”. Y esta lucha puede llegar a la agresión con sus colmillos.

Producida la elección, la “dama” y el “caballero” se alejan juntos y solos por la espesura. Después de siete y medio a ocho meses nacerá un bebé hipopótamo: de 1,27 metros de largo y cincuenta kilogramos de peso. ¡Un hipopotamito bestial!

¡Dibujante!

Moja, una hembra chimpancé de tres años de edad, hizo hace poco algo imposible -y que un niño de la misma edad no está en condiciones de realizar-: dibujar animales. Había dibujado un gato y en varias ocasiones un pájaro. Esta novedad causó sensación en los medios científicos, porque hasta entonces se conocía que estos primates podían realizar pinturas “abstractas” (mezclar colores), desarrollar un idioma con las manos o descifrar figuras plásticas simbólicas, identificándolas como “vocablos”.

Pero los dibujos figurativos eran otra cosa. Moja, que desde su nacimiento había conocido ciento diecisiete palabras de los humanos, un día se sentó delante de un bloc de dibujo. Trazó algo que podía parecerse a una figura y el doctor Allen Gardner –su “padre adoptivo”– pensó que no valía la pena desperdiciar una hoja de papel para tan poca cosa. Le animó para seguir dibujando, pero el chimpancé le extendió la hoja, y en “su” idioma le dijo: -Ya está terminado-... A este paso, como van las investigaciones, los animales descifrarán las conductas de los etólogos y zoólogos. Ya verán.