En Las Aulas
27 de diciembre de 2017 13:22

Testamentos, maletas y uvas para despedir 2017

La elaboración y quema del año viejo tiene diferentes significados para las personas y los pueblos. Foto: Archivo / ÚN

La elaboración y quema del año viejo tiene diferentes significados para las personas y los pueblos. Foto: Archivo / ÚN

Redacción En las aulas

Dos mil diecisiete, en pocos días y horas, pasará a la historia. La gente se prepara para despedir a un año viejo -quién lo creyera- de apenas un año de edad.

Creencias
Esa es la tradición. ¿Y cómo se despide el año viejo? Con los tradicionales testamentos, con las uvas -una para cada mes, 12 en total-; los calzones amarillos y la famosa maleta o maletín para viajar el año venidero. Son creencias de nuestro pueblo, que en ciertos lugares se extingue.

Fuego como divinidad
El fuego, en esta perspectiva, es la misma vida fertilizada, templada, madurada o destruida por diferentes tipos de calor, que desde tiempos remotos fue considerado como una divinidad conocida como espíritu vivificante de las aguas y las plantas, que se inmola a sí mismo y genera el hogar que fecunda o el altar donde la luz devora y purifica.

En esencia, el fuego forma parte de los mitos de nuestra cultura andina que se hallan yuxtapuestos a los que trajo la Colonia. Y significa -simbólicamente- los temores y esperanzas de una naturaleza que cambia y debe cambiar.

Los sociólogos dicen que la quema de los años viejos está llena de simbolismos. Es una catarsis, que permite en la cultura andina, eliminar lo malo, a través de una quema real de personajes, y avizorar nuevos caminos para el futuro.

Valor psicológico
Esta metáfora tiene una raíz cultural de indudable valor psicológico, ético y estético, que se sumerge en el historial familiar e institucional representado simbólicamente en un monigote que debe ser, irremediablemente, quemado.

El fin de año tiene una dimensión especial desde el punto de vista humano, porque -según nuestras costumbres- ‘morimos’ al calor de las llamaradas del año viejo que, en el ambiente ecuatoriano, es quemado literalmente entre adioses y abrazos de despedida.

Personajes

Sus personajes clásicos son el año viejo -monigote confeccionado de aserrín o papel-; las locas viudas -personas vestidas de negro que lloran la partida del ‘finado’, cuya imagen tradicional se desfiguró, con la intervención de personas con ánimo de lucro-; y el testamento que expresa los pasivos y los activos del año que termina.