En Las Aulas
28 de junio de 2017 12:52

Las pantallas son 'enemigas' del sueño

Parecen  inofensivas, pero según estudios las pantallas inciden sobre el desarrollo del cerebro. Foto: Referencial / ÚN

Parecen inofensivas, pero según estudios las pantallas inciden sobre el desarrollo del cerebro. Foto: Referencial / ÚN

Redacción En las aulas

El Dr. Danilo Rodríguez PhD, catedrático e investigador en Cronobiología Humana, ha realizado algunos estudios sobre la privación del sueño, y cómo afecta la salud física y mental de niños y adolescentes. En esta nota ofrecemos la continuación de sus reflexiones.

Sueño y cerebro
Los adolescentes muestran una tendencia casi natural a retardar el momento de dormir y de despertar.

De manera general ellos se acuestan, en promedio, a las 23:00 entre semana, para levantarse a las 05:30 o 06:00. El fin de semana tienden a acostarse más tarde, alrededor de las 02:00 o 03:00, para levantarse alrededor de las 09:30 o 10:00.
Esto significa que los adolescentes presentan una privación crónica de sueño de alrededor 2 o 3 horas en relación con sus necesidades fisiológicas, que deberían ser de 8 a 10 horas por noche.

Investigaciones realizadas por especialistas del Instituto Nacional de la Salud e Investigación Médica (Inserm) de Francia han demostrado que los adolescentes que duermen menos de 7 horas en la semana, o que se acuestan tarde durante el fin de semana, presentan una disminución del volumen de materia gris en tres regiones cerebrales: la corteza frontal, la corteza cingulada anterior y el precuneus.

Estas zonas se encuentran implicadas en la atención, en la concentración, en la planificación, en la motivación, en la capacidad de realizar tareas simultáneas y en el control de la conducta. Los malos resultados académicos están entonces directamente asociados a las deficiencias neuroanatómicas que presentan los adolescentes con malos hábitos de sueño.

Higiene de sueño

Sobre la base de estos resultados se hace hincapié con el fin de que los adolescentes adopten una correcta higiene del sueño, respetando las necesidades fisiológicas de su cerebro, que se encuentra en una fase sensible de desarrollo.

Las pantallas

El reloj interno circadiano (de alrededor de un día) localizado en el núcleo del cerebro regula el conjunto de los ritmos del organismo y en particular del sueño. En el adolescente, este “reloj” funciona más lento que en el adulto, induciéndole a dormir más tarde. Pero un fenómeno exterior, propio de nuestra era tecnológica, amplifica este desfase.

Los niños (mayores de 8 años) y en particular los adolescentes son grandes utilizadores de dispositivos tecnológicos, como los smartphone, las tabletas, las laptops y de igual manera la televisión antes de acostarse.

Muchas investigaciones han demostrado que las pantallas de estos aparatos emiten una luz LED (abundante en longitudes de onda azules) que inhibe la secreción de la melatonina (hormona del sueño secretada por la epífisis) aumentando el nivel de vigilia, alterando el sueño y retardando el reloj biológico.

Como consecuencia se observa que los niños y adolescentes que usan estos aparatos antes de acostarse presentan trastornos del sueño, problemas de atención, de concentración, de memorización, así como conductas de hiperactividad, de impulsividad, de depresión y ansiedad. Según el Dr. Rodríguez, el medio familiar y la escuela deben asumir un papel responsable.