En Las Aulas
4 de enero de 2017 12:42

¿A qué juega usted en la vida cotidiana?

Ser salvador, víctima o perseguidor  son los  juegos psicológicos más comunes en todas las familias. Foto: Archivo / ÚN

Ser salvador, víctima o perseguidor son los juegos psicológicos más comunes en todas las familias. Foto: Archivo / ÚN

Redacción En las aulas

Todavía sigue vigente la teoría del ‘Análisis Transaccional’ inventada por Erik Berné. La idea central es que la vida es un juego o un conjunto de juegos psicológicos, que se producen a través de transacciones. Usted, ¿a qué juega? Veamos algunos ejemplos.

Ganar o perder
Se ha dicho -y con toda razón- que la vida es un juego. No en el sentido literal de la palabra -ludus, ludismo- sino un escenario donde hay, efectivamente, actores que participan en un tinglado como en el teatro, donde unos son ganadores y otros perdedores; unos actúan como salvadores, otros como víctimas y unos terceros como perseguidores. Me refiero a los juegos psicológicos, que todos, sin excepción, jugamos.

‘Homo ludens’

Nunca olvide a Johan Huizinga, el investigador que con su obra magistral ‘El homo ludens’ significó un referente para los estudiosos de la condición humana. Él habló del juego como fenómeno cultural y demostró la insuficiencia de las imágenes convencionales del homo faber y homo sapiens.“Porque no se trata, para mí, del lugar que al juego corresponda entre las demás manifestaciones de la cultura, sino en qué grado la cultura misma ofrece un carácter de juego”.
Este enfoque -ya en el contexto psicológico- fue enriquecido cuando Erik Berné planteó el Análisis Transaccional (AT) como estrategia para conocernos mejor, donde los juegos psicológicos ocupan un papel protagónico.

Tres juegos
Berné recuerda el famoso cuento de la literatura infantil ‘La Caperucita roja’ de Charles Perrault, que fue el primero que recogió esta historia y la incluyó en un volumen de cuentos (1697), que relataba una leyenda cruel, destinada a prevenir a las niñas de encuentros con desconocidos.

Los hermanos Grimm, en 1812, dieron otra versión que se mantiene hasta hoy, en la que se introduce la figura del leñador, que salva a la niña y a su abuelita. “Propusieron un final alternativo, en el que un momento antes de que el lobo se coma a Caperucita, ella grita y un leñador que estaba cerca, rescata a la niña, mata al lobo, le abre la panza y saca a la abuelita, milagrosamente viva”.

Pues bien, de esta última versión de la ‘Caperucita roja’ Erik Berné identificó tres personajes universales: el salvador (el leñador), la víctima (la Caperucita) y el perdedor (el lobo), como caracterizaciones de actitudes ‘típicas’ de los seres humanos, que dan pie a los juegos psicológicos. Como resultado todos ‘jugamos’ a ser salvadores, víctimas o perseguidores (auténticos o inauténticos).

Las preguntas cruciales son: ¿desempeña generalmente el rol de víctima en su relación con su pareja o con sus compañeros o alumnos? ¿O es un salvador empedernido? Si no es lo uno ni lo otro, ¿Se declara perseguidor o perseguidora?
Ser víctima auténtica -la persona que llora de verdad porque sufre algún dolor físico o moral- es comprensible y hasta recomendable; pero “hacerse la víctima” para lograr recompensas es preocupante. Las “lágrimas de cocodrilo” funcionan como búmeran. No olviden que las víctimas inauténticas pueden convertirse en victimarias. ¿Cuántas caperucitas o caperucitos viven en nuestros hogares?